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La abadía de Berzano

El rincón de los cinefagos más desprejuiciados.

Entrevista a Sam Firstenberg, premio “Jess Franco” en la CutreCon V

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Dentro del homenaje que dedicara a la producción de la Cannon, la pasada quinta edición de CutreCon haría entrega de su honorífico “Premio Jess Franco” a Sam Firstenberg. Con su concesión, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid realizaba un pequeño acto de justicia al reconocer la carrera y, por tanto, rendir tributo a un auténtico currante del cine; uno de esos realizadores denominados artesanales que, por estas mismas razones y más allá de cualquier otro tipo de consideraciones cualitativas, rara vez suelen disfrutar del cariño y consideración de la crítica y el público.

No en vano, primero para la productora de los primos Golan y Globus y después para la Nu Image, a lo largo de su trayectoria el cineasta de origen israelí se ha caracterizada por poner su oficio al servicio de la consecución del producto que le era encomendado, sin que mediaran por su parte mayores ambiciones o pretensiones de autoría. Una circunstancia que, sin embargo, no ha evitado que algunos de los títulos por él dirigidos hayan alcanzado con el paso de los años un estatus de culto entre ciertos sectores de aficionados, siendo especialmente recordada su contribución al cine de ninjas, donde sería responsable de varios pequeños clásicos videocluberos de los años ochenta como La venganza del ninja (1983), las dos primeras entregas de la saga de El guerrero americano o La fuerza de la venganza (1986), entre algunas otros.

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Desde sus mismos inicios, su carrera cinematográfica ha estado estrechamente vinculada a la de los que fueran los máximos responsables de la Cannon durante su etapa de esplendor, sus compatriotas Menahem Golan y Yoram Globus. ¿Cómo entró en contacto con ellos?

Mi primer contacto con Golan y Globus tuvo lugar mucho antes de empezar a trabajar para la Cannon. Algo así como siete años antes.

En 1972, con 22 años, yo me marché a los Estados Unidos con la intención de estudiar cine, y sin tener por entonces absolutamente ninguna conexión con la industria de Hollywood. Allí fue donde, prácticamente por accidente, conocí a Menahem. Nos presentamos y casi de inmediato empecé a trabajar para él, aunque al principio me limitaba a ser el chico de los cafés. Te estoy hablando antes incluso de que Golan & Globus compraran la Cannon.

Por aquella época su compañía era la AmeriEuro Pictures, y en ella me fui convirtiendo con el tiempo en el ayudante de Menahem cuando éste dirigía. Por ejemplo, desempeñé funciones de ayudante de dirección en Operación relámpago, protagonizada por Klaus Kinski y Sybil Danning, o en Golpe de mil millones de dólares, con Robert Shaw; durante esos años también trabajé como ayudante para Boaz Davidson. Se podría decir que era el ayudante de dirección oficial cuando la compañía de Golan y Globus aún operaba desde Israel.

Así estuve hasta que en 1979 regresé a los Estados Unidos para terminar mis estudios de cine. Cuando todavía estaba en la escuela rodé como proyecto de fin de carrera mi primera película, One More Chance. Casualmente, su realización coincidió con el tiempo prácticamente a la compra de Menahem Golan y Yoram Globus de la Cannon. Así que, cuando terminé mi ópera prima, que era un proyecto de noventa minutos de la escuela de cine, me dirigí a las oficinas de la productora por si les interesaba comprármela y, para mi suerte, acabaron distribuyéndola.

Además, y como gracias a esta película les demostré que era capaz de dirigir, seguidamente me dieron la oportunidad de ponerme tras las cámaras con La venganza del ninja. Pero mi primera película como director, como ya digo, fue realizada fuera del seno de la Cannon.

¿Cómo era su relación con ellos? ¿Eran amigos, o su trato era estrictamente profesional?

No, no éramos amigos. En ello influyó, sin duda, el hecho de que no tuviéramos la misma edad. Sin ir más lejos, Menahem Golan creo que era unos veinte años mayor que yo. Así que faltaría a la verdad si dijese que éramos amigos. Además, Golan y Globus eran unos tipos realmente duros y con una mentalidad exclusivamente enfocada a los negocios; estando a su lado no había lugar para la amistad ni para  sentimentalismos.

Aunque sí he de decir que nos entendíamos muy bien en el ámbito estrictamente profesional. Compartíamos el mismo concepto básico de lo que este tipo de películas deberían ser, por lo que en ese aspecto no hubo nunca ningún problema. Golan me dejaba a mi aire a la hora de rodar esta clase de películas de género de Serie B, aunque eso no quiere decir que no tuviera que escuchar sus consejos de vez en cuando. En resumidas cuentas, mantuve con ellos una relación correcta, aunque ésta discurriera por unos derroteros estrictamente profesionales.

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Ya que lo menciona, ¿cómo era la forma de trabajar dentro de la Cannon? ¿Le marcaban unas pautas a seguir o, por el contrario, le dejaban vía libre para desarrollar sus proyectos?

En la Cannon la única restricción que había a la hora de trabajar era el dinero. Normalmente la forma de trabajar de Golan y Globus era la siguiente: ellos me daban un guion y, aproximadamente, ocho semanas para rodarlo. “Ve y vuelve en dos meses con una película”, solían decirme.

En el caso de El guerrero americano, por ejemplo, no estuve implicado en la escritura del guion. De esta manera, cuando me lo ofrecieron lo único que sabía del proyecto era que iba a rodar una película llamada El guerrero americano y punto.

Y aunque te diera libertad a la hora de rodar, a Menahem sí que le gustaba venir y curiosear un poco cuando estábamos montando la película. Así que durante la postproducción él solía pasarse normalmente todos los viernes por la sala de montaje para decirme: “Enséñame lo que tienes hecho hasta ahora”.

¿Era entonces libre a la hora de elegir proyectos o estaba obligado a aceptar lo que le encomendaba la productora en cada momento?

Más bien lo segundo. Yo no tenía la más mínima influencia sobre las decisiones que tomaban los jerifaltes de la compañía: yo era un simple trabajador al que de vez en cuando llamaban a su oficina y le decían: “¿Qué te parecería rodar La venganza del ninja?”, o: “¿Qué te parecería hacer La fuerza de la venganza?”, sólo para descubrir más tarde que ambos proyectos habían sido dejados de lado por Chuck Norris (risas).

En toda mi vida el único proyecto que he rechazado rodar fue Contacto sangriento… ¡Menudo error! (más risas) El principal motivo por el que me negué a dirigirla fue que, debido a mi experiencia previa, ya me había acostumbrado a rodar en cada película en veinte, treinta o cincuenta localizaciones distintas. Así que cuando leí el guion de esta película y comprobé que tan sólo había un escenario en toda la historia, me pregunté a mí mismo: “¿Cómo voy a rodar una película de acción en una única localización sin resultar aburrido?”. Como, por supuesto, no encontré respuesta, decidí finalmente rechazar el ponerme al frente del proyecto. Viendo en retrospectiva el éxito que tuvo la película, resulta obvio que me equivoqué; como se suele decir en estos casos, el resto es historia.

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Dentro de su filmografía para la Cannon destacan sus películas de ninjas, subgénero en el que puede considerársele todo un pionero, ya que cuando comenzó en él, la figura de este personaje no era demasiado común en el cine occidental. ¿Cuáles eran sus principales referentes a la hora de dar forma a estos trabajos? ¿Había visto alguna película asiática sobre la temática?

Antes de la Cannon, antes de todo, yo era un gran fan de las películas de samuráis, en especial de las dirigidas por Akira Kurosawa. He visto todas y cada una de las películas de samuráis de Kurosawa: Los siete samuráis, Yojimbo… Pero, aún siendo un gran fan de este tipo de películas, cuando hice La venganza del ninja no sabía nada acerca del cine de artes marciales de Hong Kong. Fue sólo cuando conocí a Sho Kosugi cuando comencé a conocer más en profundidad ese tipo de películas, ya que él me fue enseñando los films de acción que se habían realizado en Hong Kong. Aparte de eso, me enseñó un montón sobre artes marciales. Él fue quien me introdujo en este mundo, por decirlo de alguna manera.

No obstante, en honor a la verdad diré que si ves cualquiera de mis películas te darás cuenta de que tienen poco que ver con el cine de artes marciales de Hong Kong. En realidad, son una mezcla de acción occidental con algunos elementos de artes marciales. De hecho, mi sueño desde siempre fue hacer películas de acción de Hollywood, no de artes marciales. Pero, aún así, creo que se pueden considerar mis películas de acción como una combinación de ambas tendencias.

En varias de estas películas contaría con el protagonismo de Michael Dudikoff, un hasta entonces desconocido actor que, sin embargo, alcanzaría una gran popularidad gracias a estos títulos. ¿Cómo llegó hasta él?

A la hora de buscar actores para protagonizar El guerrero americano decidimos hacer lo que en Hollywood llaman una “open call”. Esto quiere decir que, a la hora de realizar las pruebas, no nos limitábamos a actores, sino que en realidad el casting estaba abierto a cualquiera que quisiera presentarse. Así que, además de poner anuncios en agencias de actores, también lo hicimos en escuelas de artes marciales.

Finalmente hicimos audiciones a aproximadamente seiscientos jóvenes; cuatrocientos para el protagonista y otros doscientos para el personaje que acabaría encarnando Steve James. Todos vinieron a hacer la prueba a un gran gimnasio, ya que antes de pasar por mi examen tenían que mostrar sus habilidades al grupo de especialistas que más tarde trabajarían con ellos en la película. Por lo tanto, yo los veía después de esta primera criba y hablábamos un rato para así poder conocernos un poco.

Durante el casting todos estos jóvenes pasaron ante mí sin que hubiera ninguno que destacara especialmente. Incluso el hijo de Steve McQueen, Chad, vino a hacer la prueba. A favor de mi instinto debo decir que en cuanto vi a Michael Dudikoff y empecé a hablar con él me dije a mí mismo: “Este es mi guerrero americano”. En esa etapa el guion ya estaba escrito y la personalidad y el físico tipo James Dean de Michael se ajustaba como un guante al personaje que debía interpretar.

Pero el hecho de que Michael ya hubiera actuado anteriormente en algunas películas (por ejemplo en Despedida de soltero y Sueños radioactivos), nos ocasionó un pequeño problema. Como sabéis, en Hollywood los sindicatos obligan a las productoras a pagar un sueldo mínimo de base a los actores. Así que la principal intención de Menahem al realizar este casting abierto era pagarle tan sólo el salario mínimo a aquel que eligiéramos como protagonista. Pero ocurrió que al contar ya Michael con algo de experiencia en el cine su agente nos pidió un sueldo que al menos duplicara el mínimo permitido por los sindicatos.

Pues bien, ¡casi no lo contratamos por culpa de esta exigencia! Su agente empezó a pelear con la Cannon, Menahem comenzó a discutir conmigo…  Al final, le enseñé a Golan la prueba de cámara que le hice a Dudikoff, al tiempo que le decía que ése era el tipo que sin duda necesitábamos para protagonizar la peli. Al ser entonces incapaz de negar lo evidente, Menahem no tuvo más remedio que transigir en que le pagaran el doble de dinero que en un principio él mismo había estipulado.

¿Sabía Dudikoff artes marciales antes de protagonizar El guerrero americano?

Al ser del sur de California, Michael era un chico bastante aficionado a practicar surf, por lo que además de ser un tipo bastante guapo era también una persona muy atlética. De hecho, también trabajaba como modelo por aquella época. Y aunque no supiera mucho de artes marciales, en lo que sí era realmente bueno era imitando los movimientos de los demás. Antes de empezar a rodar le pusimos a entrenar durante dos semanas con Michael Stone que, aparte de haber sido entrenador personal de Elvis Presley, había sido campeón de kárate de los Estados Unidos.

Stone le mostró a Michael los movimientos básicos que tenía que hacer. No hablo de la disciplina, se limitó exclusivamente a enseñarle los movimientos. Al final de ese entrenamiento, y como Michael tenía mucho talento a la hora de imitar, ya era capaz de hacer lo que finalmente vemos en pantalla. El único inconveniente importante era que a la hora de rodar las escenas de acción las teníamos que filmar por partes: de cinco a seis movimientos cada vez como máximo, ya que si las hubiéramos prolongado durante mucho más tiempo se hubiera notado que Michael estaba lejos de tener las habilidades de un artista marcial.

Otro de sus descubrimientos fue Mark Dacascos, al que dirigió en American Samurai. ¿También dio con él a través de un casting abierto?

Verás, hicimos El guerrero americano 1 y 2, pero en 1989 Michael no quiso protagonizar la tercera parte porque la teníamos que rodar en Sudáfrica, así que en su lugar pusieron a David Bradley como relevo de la saga, ya que por entonces era una figura un poco establecida; sólo un poco, pero lo era.

American Samurai fue producida en 1992 por Cannon Pictures, no por Cannon Group: la primera Cannon se vino abajo y entonces tuvieron que crear esta segunda encarnación de la productora. Ellos fueron los que me hablaron de David Bradley y los que me lo presentaron. Quien sí que era nuevo era Dacascos, hasta el punto de que American Samurai supuso su primera película. Pero no hubo “casting abierto” para esta película. Desde el principio ya estaba claro quiénes la iban a protagonizar.

Hablemos de Sho Kosugi, otro actor y artista marcial que trabajaría con usted en varias ocasiones. ¿Coreografiaba personalmente las escenas de luchas en las que intervenía?

Sho Kosugi es un maestro de dojo y en películas como La venganza del ninja, por ejemplo, traía a sus alumnos, especializados cada uno de ellos en un diferente tipo de arma, en un diferente tipo de katana… Cada uno de ellos especializado en algo distinto. Era el único y auténtico maestro ninja con el que contábamos en el rodaje: sabía manejarse con espadas, shurikens… con todo. Es el mejor. Y, efectivamente, en La venganza del ninja todas las coreografías están ideadas por él, aunque el coordinador de especialistas fuera Steve Lambert, que también trabajó con nosotros en Ninja 3: la dominación.

Y en su caso, ¿cuál era su participación como director en las coreografías de las escenas de artes marciales? ¿Qué era lo más complicado de rodar en ellas?

A la hora de filmar acción necesitas básicamente la colaboración de dos personas: el coordinador de especialistas y el coreógrafo. Este último se toma las escenas de acción como si fueran un ballet, como si tuviera que coreografiar una danza. El coordinador de especialistas, en cambio, es aquel que resuelve los problemas técnicos que pudieran surgir durante el rodaje de estas escenas. Por supuesto, cada uno de ellos cuenta con un número determinado de ayudantes.

El mayor reto a la hora de rodar cine de acción es estar seguros de que el actor no sufra el más mínimo rasguño: que no se rompa una pierna o no se corte la cara con la espada. En definitiva, que no suceda algo que implique que tu actor tenga que estar una semana recuperándose de la herida y que te veas forzado por ello a suspender el rodaje durante todo ese tiempo.

Para que te hagas una idea, en los rodajes de las películas que hice con él, tuvimos que llevar varias veces a Michael al cirujano para que le cosieran a resultas de varios accidentes que sufrió durante la filmación de estas escenas de riesgo.

En un rodaje se desperdicia muchísimo tiempo y dinero por estas cuestiones de seguridad. Otra cosa curiosa es que usábamos profesionales especializados: uno es especialista en saltar, otro se especializa en conducir motos… Hay un montón de especialistas para cada cosa.

En realidad, el trabajo con los especialistas no acarrea demasiadas complicaciones, a no ser que suponga rodar algo muy espectacular, como lo son las escenas con motos que, además de muy complicadas físicamente de hacer, suelen ser por lo común bastante peligrosas.

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De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a un renovado interés por el cine de la Cannon, que ha dado origen a la realización de libros y documentales centrados en la trayectoria de la productora, entre otras acciones. ¿A qué cree que se debe este auténtico revival después de tres décadas más tarde desde la realización de aquellos films?

Estoy tan sorprendido como el que más de que esto ocurra. En la historia del cine, tanto en la de Hollywood como en la universal, de cada cien películas que se hacen noventa y nueve de ellas desaparecen en el olvido; nadie se acuerda de ellas después de un tiempo. De estas cien películas, con suerte, solamente una llegará a ser relevante históricamente.

De repente, y por alguna razón, ahora a la gente parece que le vuelven a interesar estas películas que hacíamos en los ochenta. Especialmente las de acción, seguramente porque en ellas encuentran cualidades que no se dan en el cine que se rueda en la actualidad. No cabe duda de que hoy en día las películas de acción son más espectaculares; mucho más espectaculares, de hecho, pero creo que se ha perdido algo con los años. Quizás es eso precisamente lo que buscan los espectadores que han propiciado este revival de las películas de la Cannon.

Por último, sé que tiene un proyecto relacionado con Ed Wood. ¿Qué puede contar de él y en qué fase se encuentra actualmente?

Esa película a la que te refieres se titula Interplanetary Surplus Men and Amazon Women of Outer Space. En realidad, el producto final tiene poco que ver con Ed Wood. Lo que sucede es que el guionista Samuel Oldham encontró un guion escrito por el director de Glen y Glenda, un material algo disperso que nunca vio la luz, y es por eso que mi película tiene todo ese aroma de la ciencia ficción de los años cincuenta desde el mismo título, como puedes ver.

Oldham fue el que me sugirió que escribiéramos el guion a partir de estas ideas de Ed Wood, así que lo que hice fue convertirlo en una comedia tan pronto ese material llegó a mis manos. Con un poco de suerte creo que podrás ver la película el año que viene.

José Luis Salvador Estébenez

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* El autor agradece la colaboración prestada por Javier Pueyo en la confección del cuestionario para la presente entrevista.

Traducción: José Manuel Romero Moreno

Fotografías: Juan Mari Ripalda




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